Un desafío para esta semana

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De jóvenes somos personas con las opiniones mucho más drásticas y rígidas que en la madurez. De jóvenes todo es más blanco o negro, más “bueno o malo”… pero con la edad, y por aquello de que la vida es un lienzo que hay que pintar uno mismo o un libro en blanco que hay que escribir, se aprende que hay que ser flexible para no partirse (aquello del bambú y el roble ante el huracán), y que hay que dar pasos más allá de la zona de confort, donde nos relajamos por sentirnos seguros, para llegar hasta donde no se haya llegado todavía.

Y sí, uno se asusta y duda, algo que le pasa a todo el mundo, pero no hay otra manera porque las mismas acciones llevan a los mismos resultados. Si haces lo mismo de siempre, ¿qué esperas que cambie?

De joven se juzga de antemano muchas cosas: “eso en mi caso no sirve”, “menuda tontería”, etc. En la madurez, la actitud cambia y se suelen probar muchas más cosas, porque probando no se pierde nada, y luego ya se verá si ha merecido la pena o no. Y aunque no merezca la pena, muchas veces la lección que se aprende ya es compensación suficiente.

Por eso, invito a realizar un pequeño desafío. No costará económicamente nada y es bueno romper un poco las dinámicas de siempre, a fin de crecer y adquirir nuevas perspectivas.

Desafío: “envíe una nota de agradecimiento sincero a sus clientes, sin otro propósito que dar las gracias de verdad”.

Para ello, contacte con los clientes, pero no con el típico mensaje generalista y frío. Piense que ha habido gente que ha confiado en usted, que ha hecho su apuesta y ha arriesgado su dinero en usted. Solemos pensar que ha sido porque somos los mejores en lo nuestro.

Tómese unos minutos y piense qué le diría a un amigo que ha hecho algo importante por usted, escríbalo con tono humano y sincero, y envíelo a sus clientes. Fírmelo personalmente y no tenga otro motivo que el de darle las gracias. No intente vender nada en ese mensaje, simplemente dé las gracias en las palabras que haya escrito, de persona a persona, y diga que para cualquier cosa que precisen no tienen más que contactarle.

No le costará nada, puede hacerlo por e-mail, mejor si personaliza con nombres y mejor aún si coge a sus mejores clientes y les llama personalmente por teléfono o les visita en sus oficinas, sólo para dar las gracias por haber confiado en usted.

¿Le da reparo o vergüenza hacerlo? Esa es una señal inconfundible de que debería ponerse a ello sin dudar y con premura.

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