Saturación de expertos

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Cuando no se encuentra empleo, caben dos opciones: la emigración o el autoempleo. Como para la primera conviene saber idiomas (hay que demostrar aquello de “inglés nivel alto”), muchos optan por la segunda opción -mientras siguen buscando algo de lo suyo-, autodenominándose “expertos en formación y coaching”, saturando el mercado.

Coaching y social media

Las redes sociales son fiel ejemplo de esta saturación: “Hay más expertos en formación, coaching y social media, que curas y frailes en la Edad Media”. Es una plaga de proporciones bíblicas de aprendices de todo y maestros de nada.

En las redes sociales se leen frases con intención motivadora y tono optimista, del estilo de: “buenos días, sonreíd y ser felices”, “salid a la calle a dar abrazos arco Iris”, “si cambias tu forma de ver las cosas, cambiarás el mundo”, o “cambia tu realidad y cambiarás tu vida”…; que intentan transmitir “proactividad” edulcorándola con sentimentalismo ‘buenista’.

Perfiles donde se lee: “maestro y aprendiz”, “experto en formación emocional”, “experto en comunicación, siempre aprendiendo, ¿me ayudas?”, etc., confundiendo la actitud humilde de estar abierto al aprendizaje, con escribir ‘simplezas’ que creen que les harán ganar “seguidores” (palabra clave si quieres ‘parecer’ alguien en las redes sociales).

Estos ‘maestros expertos’ deberían saber que se hace camino al andar, “docendo discimus” (enseñando aprendemos). Deberían saber que la formación se diseña para ayudar a los asistentes y las empresas que la contratan, adecuándola a sus necesidades del momento y aportando soluciones concretas a los problemas con los que se enfrentan en el día a día.

La formación

Por otro lado, algunas empresas buscan una solución al precio más económico posible, por lo que en ocasiones, contratan a estos ‘maestros expertos’ que postulan algunas teorías de escasa comprensión y nula aplicación a la realidad cotidiana. De ahí la expresión: “¡la formación es muy cara!”. Lógico, de momento sólo “has probado con la ignorancia”. Y ésta sí es muy cara. Por muy barata que parezca a priori una formación, si no consigue sus objetivos, será “cara”.

La calidad tiene un precio y un buen profesional tiene el suyo. Esto lo entendemos todos. Un profesional, no le dice a un empresario, a un directivo o a un vendedor, que “dé abrazos de colores arco Iris” cuando está confuso, desorientado o estresado, o con algunos problemas que no le permiten pensar con claridad. A estos, hay que ayudarles a ver otras posibilidades y a explotar mejor sus cualidades, hay que aportarles opciones y ayudarles a encontrar posibles soluciones. ¡Y hay que obtener resultados tangibles y cuantificables!

En la formación y el coaching no son recomendables los batiburrillos de mercadillo, los cajones de sastre, donde abundan las falsificaciones, que no generan competencia leal sino confusión y descontento en los clientes. Simplemente porque no obtienen resultados.

Personalmente me gusta la competencia buena, la auténtica, la de calidad. Con esta competencia, siempre se tienen amplios espacios comunes para dialogar, compartir e incluso colaborar. Con esta competencia se provocan situaciones de sinergia, no de enfrentamiento. Con esta competencia, ganamos todos.

Francisco Helguera
Formador – Coach

saturación de expertos - empleo

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