Movimientos corporales que cambian estados anímicos

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La relación mente-cuerpo es indiscutible, aunque somos más propensos a pensar que nuestras emociones y pensamientos inciden en nuestro cuerpo, y no nos damos cuenta de que también ocurre el proceso contrario.

Nuestro cerebro escruta continuamente las señales que envía el cuerpo y, en base a ellas, también modula nuestras respuestas. Por ello, es posible activar determinados recursos psicológicos variando sólo algunos aspectos a nivel físico. ¿Cómo lograrlo? A veces un simple movimiento o un cambio en la postura es suficiente.

Conseguir motivación. Tirar y atraer, estos simples movimientos actúan sobre tu motivación. Si alejas de ti un objeto, éste resulta menos apetecible y, por tanto, disminuye tu deseo de tenerlo, aunque si lo atraes hacia ti, aumentas su atractivo. ¿Por qué? Porque el cerebro entiende que cuando apartamos un objeto es porque nos resulta desagradable, por consiguiente, se activa realmente esta sensación.

¿Cuándo aplicarlo? Cada vez que un objeto te resulte atractivo y no quieras comprarlo o consumirlo.

Incrementar la fuerza de voluntad. Aumentar la tensión muscular incrementa la fuerza de voluntad. Te bastará aumentar la tensión de los músculos de los brazos o las piernas o agarrar con fuerza un objeto con la mano. Nuestro cerebro asocia esta rigidez muscular con la intención de permanecer en el mismo sitio, de no abandonar y, por consiguiente, también logramos hacer acopio de fuerza de voluntad.

¿Cuándo aplicarlo? Cuando quieras evitar algo o cuando necesites mantenerte firme en una decisión.

Potenciar la perseverancia. Siéntate bien derecho y cruza los brazos a la altura del pecho. Este gesto te dará una dosis extra de perseverancia. Y es que nuestro cerebro asocia los brazos cruzados con una postura cerrada, lo cual implica que nos aferramos a nuestros criterios y no dejamos que factores externos nos molesten.

¿Cuándo aplicarlo? Cuando estés inmerso en un proyecto complejo y pienses que estás a punto de abandonar.

Incrementar la concentración. Utiliza tu mano no dominante, si eres diestro intenta realizar la actividad, o al menos una parte de ella, usando la mano izquierda. Normalmente, las dificultades para concentrarnos, se deben a que nuestra mente divaga y se mantiene ocupada con pensamientos que no tienen nada que ver con la tarea que estamos realizando. Sin embargo, usar la mano no dominante, atraerá la atención de tu cerebro y éste se verá obligado a concentrarse en lo que estás haciendo.

¿Cuándo aplicarlo? Cuando estés involucrado en una actividad que te resulte poco motivadora y que debes terminar a toda costa.

Ser persuasivo. Existen varias técnicas para ser más persuasivo y una de las más sencillas consiste en asentir con la cabeza. En la práctica, mientras estás formulando la pregunta a tu interlocutor o haciendo una petición, asiente ligeramente con la cabeza. Previamente hay que ‘conectar’ (sincronizar en PNL) con la otra persona, así, ésta imitará tu movimiento y aumentarán tus probabilidades de recibir una respuesta positiva.

¿Cuándo aplicarlo? En cualquier contexto en el que necesites una respuesta afirmativa.

Eliminar la culpa. En algunas ocasiones, un hecho casi intrascendente nos genera una sensación de culpa que no tiene razón de ser. En esos casos, simplemente lávate las manos. Se ha demostrado que este gesto no sólo nos ayuda a limpiar nuestra conciencia, sino también a hacer borrón y cuenta nueva.

¿Cuándo aplicarlo? Cuando sientas culpa por algo de lo cual no eres responsable.

Activar la creatividad. Esta habilidad implica ser capaces de pensar fuera de los límites. Por eso, algunos movimientos inusuales tienen el poder de activar la creatividad. Por ejemplo, puedes caminar un rato haciendo zigzag o cambiar por completo el orden de los pasos que conforman un hábito o una rutina cotidiana.

¿Cuándo aplicarlo? Cuando necesites una dosis extra de creatividad y estés bloqueado.

Una aclaración final

Evita usar estas técnicas como si fueran antídotos o recetas mágicas. Es cierto que son muy eficaces y que pueden potenciar estados internos que te ayudarán a enfrentarte a los problemas, aunque no se deben utilizar para combatir las emociones negativas porque, a la larga, no funcionan.

Estos trucos son tan eficaces precisamente porque juegan con las creencias que tenemos, y si los convertimos en algo cotidiano, perderán el factor novedad y dejarán de ser eficaces. Por tanto, utilízalos como un as bajo la manga cuando otros recursos no hayan funcionado.

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