Lenguaje corporal y P.N.L.

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El lenguaje corporal habla más fuerte, más claro y más sinceramente que las palabras. Es la forma de comunicación más eficaz y contundente que existe, con el valor añadido de que no puede mentir.

El sistema físico (cuerpo), el sistema cognitivo, cortical o mental, y el sistema emocional o límbico, están íntimamente unidos y se afectan continuamente. Si el sistema emocional está triste, el sistema cortical lo piensa y el sistema físico lo demuestra.

Y lo demostrará al mundo exterior a través del cuerpo, con su postura y su actitud. Los ojos perderán un poco de brillo, estarán más opacos y menos vivaces, parpadeará menos y más lentamente, habrá poca energía, poco movimiento, y seguramente el cuerpo estará cohibido, encogido y levemente inclinado hacia la derecha, y la vista igualmente hacia abajo a la derecha. Esta es la postura de alguien que está pasando por un momento triste o por una depresión. Es fácil detectarla.

En cambio una persona que tenga un caminar enérgico, que habla con ardor y entusiasmo, que tiene la mirada al frente o un poco hacia arriba, es imposible que esté triste o deprimida. Esta persona estará alegre, tendrá motivación en su quehacer y no será presa fácil del abatimiento. La piel estará joven, le brillarán los ojos y esa energía que irradiará será contagiosa.

Si el sistema cortical piensa en una ocasión en la que hubo mucho enfado, y que incluso a día de hoy sigue provocando enfado, el mero hecho de recordarlo, afectará al sistema físico y al sistema emocional. Pensar en ese mal rato, hará que los músculos de la cara se tensen, la piel se torne más rígida y todo el cuerpo transmitirá dureza y enfado. Y todo esto empezó con un pensamiento, que desencadena todos estos cambios.

Por ello, en Programación Neurolingüística se sabe que los pensamientos y las palabras tienen un efecto bioquímico en el cuerpo. Pensamientos de irritación producirán actitudes de irritación, incluso sin tener que decir una palabra. Esto es fácil de comprobar, pues lo único que hay que hacer es observar. Sea en los demás o en nosotros mismos.

Si se habla con alguna persona que se encuentra con los brazos cruzados y las piernas cruzadas, nos está indicando que está completamente cerrada al diálogo o a ideas nuevas. Puede que sea por incomodidad, inseguridad o desconfianza, pero estará cerrada y bastante impermeable a las ideas que provengan de quién provoque esa actitud.

Y aunque escuche con educación, no aceptará fácilmente lo que está escuchando. No permite que entren nuevas ideas, y por eso se cierra. El que hable, en realidad estará perdiendo el tiempo. Lo primero que tiene que hacer es cambiar la actitud del otro si quiere que sus palabras sirvan para algo.

Cuando alguna persona se encuentre con su cuerpo inclinado hacia la izquierda, ya sea solamente la cabeza o parte del cuerpo, estará indicando que está en su diálogo interno. Este diálogo interno es valioso, pues es en esta posición en la que se toman decisiones.

Aquí la persona está deliberando qué hace, cómo lo hace, cuando lo hace. Convendrá hablarle suavemente, sin brusquedades, con el tono de la voz grave y el volumen medio-bajo, para ayudarle a tomar la decisión adecuada. Incluso será beneficioso callarse.

Hay muchas personas que caminan por la calle con la vista hacia abajo, y no es porque haya algo de interés en el suelo, sino porque están en su diálogo interno. En ese momento, el mundo externo puede esperar, ellos están en su contexto personal, y seguramente estarán tratando de analizar y resolver algo en su vida.

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo leer el cuerpo. El cuerpo no miente porque es el reflejo fiel de la mente y las emociones.

Si aprendemos a agudizar nuestra capacidad de observación, podremos darnos cuenta dónde nos encontramos nosotros mismos y dónde están las personas que nos rodean, ¿están tristes?, ¿enfadadas?, ¿cerradas?, ¿en diálogo interno?

Y tú, estimado lector, ¿cómo estás? ¡Obsérvate!

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