Cuando se tiene un mal jefe

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Lo más seguro es que ya sepas que la gente se va de las empresas por los malos jefes. Lo avalan multitud de estudios.  Aunque cuando se tiene un mal jefe, es posible aprovecharlo en beneficio propio.

Se trata de transformar la inicial desgracia profesional, en una ventaja que puede repercutir favorablemente en tu carrera. Si juegas bien tus cartas, cambiarás tu destino laboral. Puedes sacar partido de tener un jefe mediocre, inepto, egocéntrico, intimidador o narcisista…

Es posible convertir la frustración que provoca ese jefe, en un desarrollo profesional que te sirva para el futuro. No dediques tiempo y esfuerzo a quejarte de él. Si no puedes evitar instalarte en la queja perpetua, ten la sensatez de irte antes de quemarte.

Un superior perjudicial, puede provocar que te automotives, te distancies emocionalmente y cultives la resiliencia para que la situación no te afecte. También supone aprovechar ese antimodelo para saber cómo no se deben hacer las cosas y qué se tiene que evitar.

Un mal jefe invita a descubrir tus propias fortalezas y debilidades, reafirmando tus valores. La paciencia adquirida para lidiar con un jefe perjudicial, es algo que te servirá fuera y dentro del trabajo. Terminarás haciéndote más diplomático y aprenderás a controlar situaciones complicadas. También impulsa a buscarse la vida con otros superiores, iguales y clientes.

En esa tesitura de buscarse la vida que implica la convivencia con un superior tóxico, hay que tener en cuenta que usar el sentido común y las propias habilidades creativas, puede hacer tu trabajo más fácil y llevadero.

Visto de esta manera, un mal jefe te vuelve más creativo, sobre la base de que el tipo de situaciones que provoca, favorecen la exigencia y que un profesional agudice el ingenio, o que prepare más y mejor las cosas.

Con un mal jefe que no brilla profesionalmente, puedes destacar más y si te ganas su confianza, incluso puede llegar a apoyarse en ti. Esto puede suponer ventajas profesionales interesantes. No hablamos de un jefe impresentable, sino del que no sabe, no controla y que además, muchas veces ni siquiera está. Hablamos del que no ejerce.

Si eres un buen profesional, las oportunidades que todo esto implica son que quien manda probablemente te dejará hacer y se meterá muy poco en tu día a día y en tus decisiones. Por otro lado, si es temeroso, tratará de no complicarse la vida.

Otra ventaja evidente es la posibilidad de tener un grado de autonomía superior. Será posible que te encargues de tareas y funciones que normalmente no estarían a tu alcance, ya que tendrás que hacer todo eso que el jefe no sabe. Y eso te dará una visibilidad y ciertas experiencias de aprendizaje muy interesantes.

A veces, la gente empieza a funcionar dentro de la organización creando redes paralelas al jefe incompetente; porque en la mayoría de las ocasiones, los jefes incompetentes están ocupados prestando atención a los aduladores o adulando ellos mismos, con lo que no tienen tiempo de preocuparse por las redes paralelas que surgen a su alrededor.

Es bueno saber jugar en el tablero que te toque. Si tienes un jefe torpe, pero inofensivo, puedes quejarte amargamente de que estás huérfano de mando, que te faltan indicaciones, apoyos, etc… También puedes dar la vuelta a la situación y centrarte en la mejor manera de aprovechar esta circunstancia.

Podrás estar en reuniones a las que, con otro jefe más en su sitio, no irías; será posible que lleves los proyectos desde el principio hasta el final; tendrás más posibilidades de aprender.

Cuando te hayas desarrollado, el puesto se te quedará corto y ya será un incordio seguir con ese jefe. Pero para entonces sabrás más, estarás mejor preparado, estarás mucho mejor relacionado y es posible que alguien se haya fijado en tu buen hacer.

Sin embargo, si tu jefe tiene trazas de psicópata, olvida lo anteriormente expuesto y vete de la empresa. No cabe otra posibilidad.

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