Burnout en la empresa

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El exceso de tareas y un estilo directivo autoritario, suben la temperatura emocional en cualquier organización y encienden la apatía, dejando al colaborador reducido a rescoldos. Extinguir este fuego, antes de que se propague, es clave para recuperar un clima laboral saludable… y más productivo.

El síndrome “burnout”, es una de las dolencias más importantes asociadas al estrés laboral. Dejar abiertos varios frentes, cuando ya no se es capaz de hacer más, es el principio del síndrome “burnout”. Hay que relativizar el trabajo, que no se convierta en el centro de nuestras vidas. El trabajo no es lo único que llena al ser humano.

Es seguro que algunos lectores, han visto muy de cerca las evidencias de este síndrome, que puede propagarse como la pólvora, por todo un departamento e incluso por toda una empresa.

Cuando hago coaching con un cliente ‘algo’ quemado, la primera pregunta que le planteo es ¿qué quiere en la vida? A menudo, al shock que se refleja en la cara del cliente, le sucede un largo silencio. Esto significa que es tan adicto a la acción y a la urgencia, que no se ha detenido a plantearse sus objetivos más inmediatos.

Más vale prevenir

Atender las necesidades emocionales y físicas es la mejor medida contra el “burnout”. Una persona que está un poco en forma, come bien, tiene alguna actividad intelectual fuera del trabajo y se relaciona con sus amigos y familiares asiduamente, es difícil que llegue a estar quemada.

Para evitar la situación de “burnout”, es recomendable conservar la libertad de elegir y de decidir. Diferenciar entre el proyecto que llevamos a cabo y la persona que somos. Distanciarse para ver con perspectiva y, si la organización fomenta la cultura del “burnout”, marcharse. Ningún puesto de trabajo así, merece ser pagado con la salud.

Para apagar el “burnout” en la empresa, la solución pasa por una gestión eficaz de personas. Hay que otorgar tareas y objetivos bien definidos, de lo contrario el profesional tiene una sensación de agobio e incertidumbre, ante lo que para él es un exceso de trabajo, sin metas concretas establecidas.

Es fundamental, reconocer los méritos y valorar la implicación de la plantilla, generar un clima laboral positivo y, en caso de errores, no buscar culpables ni causas, pensar y transmitir que toda equivocación es puntual, y no es más que otra forma de aprendizaje. Lo realmente importante es tratar de mejorar y evitarlo en el futuro.

¿Qué sucede cuando el quemado es el jefe?

En esos casos, el jefe puede arrastrar al equipo. Si es una persona complicada, lo mejor es alejarse. En cualquier caso, es importante dejar en su mano la solución del problema. Hay que acompañar, no ayudar, porque se corre el riesgo de asumir una responsabilidad que nos es ajena.

Se debe perder el miedo a los jefes y tratarles como personas normales. Desde aquí, animo al empleado a compartir sus observaciones sobre los síntomas de “burnout” que ha percibido en el comportamiento de su jefe, a expresar su preocupación y prestarle ayuda. Se necesitan grandes dosis de diplomacia, pero es lo más adecuado.

Despido interior

El síndrome del quemado es un proceso que lleva al profesional desde una entrega positiva hasta la resignación laboral, que además identifica otras dolencias derivadas de ese estado de indiferencia, como el síndrome postvacacional o el del lunes por la mañana.

Sin embargo, la persona que padece “burnout” sigue intentando hacer su trabajo y, si no logra curarse, traspasa el límite y desemboca en el despido interior, es decir, la actividad se para, el rendimiento es nulo y se presentan síntomas como: alienación, distanciamiento, nula participación, agresividad o apatía hacia los demás.

El profesional quemado espera que las cosas sucedan, en lugar de hacer que ocurran. Esto es básico. Lograr en lugar de hacer y evitar el presentismo. El objetivo no es correr y correr, como los hiperactivos, sino llegar a la meta como los proactivos.

Francisco Helguera
Consultor de Formación – Coach

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