Síndrome Burn Out

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Ya sabemos que el síndrome ‘Burn Out’ es bastante frecuente en las empresas, especialmente entre vendedores, directivos y dueños de negocio, por la tensión de resultados inmediatos a la que están expuestos.

El síndrome ‘Burn Out’ es una respuesta del organismo a una exposición prolongada de estrés laboral, y tiene síntomas físicos como cansancio permanente, dolores de cabeza, pérdida de deseo sexual, insomnio y falta de energía; y síntomas psicológicos como agotamiento emocional, insatisfacción personal y/o profesional, miedo, irritabilidad y mal humor, pérdida de compromiso y pérdida de la capacidad para disfrutar.

Muchos profesionales no disfrutan de su carrera y se han convertido en esclavos de su trabajo. El estrés, las urgencias, el entorno cambiante, la presión emocional de responder a diversas expectativas, los problemas económicos y financieros de sus empresas, entre otros, van dejando a estos profesionales con poco menos que la energía justa para levantarse de la cama cada mañana.

¿Qué hacer si se percibe que se está ‘quemando’?

1. Alejarse del problema para verlo con perspectiva. Salir del despacho para tomar un refresco o un café, ir a hablar con un colega o hacer una llamada para hablar de otro tema que no esté relacionado con el que provoca el estrés. Salir de la empresa un rato, un simple paseo puede quitar la concentración del problema que llevó al estrés. Al volver, analizar el problema o la situación de forma diferente.

2. Tratar de ser objetivo y recordar cuál fue la primera motivación. Qué es lo que ilusionaba de la profesión que se tiene o el puesto que se ocupa y que ahora no se puede disfrutar. La motivación principal puede ser algo que se haya olvidado por completo. Recordar cuál fue la primera motivación, hará darse cuenta que se tienen que tomar otras decisiones como darle prioridad a determinadas actividades de organización que se pueden estar pasando por alto porque, en el día a día, “lo urgente prima sobre lo importante”. Atender lo urgente suele conducir al estrés.

3. Pedir ayuda. Compartir la situación con un colega profesional o un coach con quien se tenga buena relación, provocará:
a) Hablar de la situación ayuda a encontrar soluciones y a bajar la tensión emocional.
b) Escuchar la opinión de otra persona puede generar ideas nuevas o al menos enfoques diferentes a la situación.
c) No sentirse solo.

4. Organizarse dando prioridad a lo importante sobre lo urgente. La diferencia entre terminar el día con lo importante resuelto o no, está en ser organizado. Para ello hay que:
a) Determinar qué es lo importante y concentrarse en ello: qué es lo imprescindible, que afecta seriamente a la función o al negocio, y que no se puede posponer o delegar.
b) Delegar: repartir algunas tareas propias entre las personas capacitadas para hacerlas bien. No acaparar ni querer hacerlo todo. Evitar la microgestión.
c) Planificar incluso las interrupciones: tener una política de puertas abiertas no significa que se tenga que atender a todo el mundo en cualquier momento. Utilizar un código de señales para advertir cuando se puede interrumpir y cuando no.

5. Hacer ejercicio. No se trata de apuntarse a un gimnasio, que no se debería descartar, basta con pasear entre 30 y 45 minutos al día. Relaja y favorece el descanso, potencia la creatividad y quema adrenalina.

6. Tener otra actividad intelectual. Estudiar, leer, jugar al ajedrez. No llegar a casa y encender la televisión, está demostrado que ver la televisión no provoca actividad neuronal alguna.

7. Quedar con amigos. Mantener las relaciones sociales y no aislarse ayuda a bajar la tensión emocional.

Tener siempre presente que es mejor llegar tarde en este mundo que demasiado pronto al otro.

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