Cómo tratar el estrés

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Para poder hablar adecuadamente del estrés, es necesario saber qué es. La siguiente definición del estrés es del Dr. Deepak Chopra (médico y escritor indio): “Estrés consiste en la acumulación de las presiones normales y anormales de la vida diaria, que ponen a prueba la habilidad del individuo para resolverlas”.

Si pensamos detenidamente en esta definición, podremos entender lo que el Dr. Chopra nos quiere decir:

a) Presiones normales de la vida diaria, lo que quiere decir que siempre tendremos alguna clase de presión o estrés, y que esto es inherente en cualquier actividad que realicemos, ya que es lo que nos mueve para ser eficientes. Ejemplos: ir a recoger a los niños del colegio, llegar a tiempo a la oficina, entregar los documentos que me pidieron, tener la comida lista, levantarme en las mañanas, conseguir los objetivos de trabajo, etc.

b) Presiones anormales serían las que ocasionarían situaciones especiales tales como: atender a un enfermo grave, pasar un examen profesional, perder el trabajo, iniciar un nuevo negocio, sufrir un accidente, etc.

c) Habilidad del individuo para resolver estas situaciones. Aquí al hablarnos de individualidad, tenemos que comprender que mi nivel de estrés ante una realidad, nunca será igual al de otro individuo en el mismo caso, ya que la vida es individual y yo soy un ser único con mis pensamientos propios, mis sentimientos y mis actitudes derivadas de estos pensamientos, y por lo tanto con una percepción única de “mi” realidad.

d) Al hablar de habilidad, pensemos en qué clase de diálogo interno tengo ante estas situaciones.

¿Qué me digo al tener que ir por los niños al colegio? ¡Qué lata! o ¡ya les voy a poder dar un beso!

¿Qué me digo para llegar a tiempo a la oficina? ¡Qué fastidio, tener que llegar tan temprano y con tanto tráfico! o ¡llegar temprano me da la oportunidad de tomar un café tranquilamente!

Al atender a un familiar enfermo, ¿qué me digo? ¡Qué lata, ahora me toca cuidarle a mí! o ¡hoy tengo la oportunidad de demostrarle mi cariño!

Al presentarme a un examen profesional, ¿qué me digo? ¡tengo miedo de no aprobar, o no ser aceptado! o ¡sé que estudié y tengo la confianza en mí mismo de que voy a pasar el examen y me van a aceptar!

Y así podríamos hablar de muchas situaciones similares, sin darnos cuenta que al hablar de los problemas que estas situaciones provocan, en lugar de enfocarnos en ellas como retos y oportunidades que la vida nos da para ser mejores y poder desarrollarnos como personas, nosotros mismos nos provocamos un estrés que puede ser dañino para nuestra salud.

Un estrés fuerte y fuera de control produce graves estragos en la salud, pues nuestro organismo presenta reacciones neuroquímicas y musculares que corresponden a la tensión nerviosa, y que a la larga nos pueden provocar enfermedades.

Los factores estresantes no entran directamente en nosotros, sino que son filtrados por la corteza cerebral, es decir por nuestra conciencia, por nuestros pensamientos y de esa manera los vamos calificando.

El estrés no viene de fuera de nosotros, sino que lo provocamos nosotros mismos, con nuestros pensamientos y la forma de entender y enfrentarnos a la vida y sus situaciones y presiones, sean cotidianas (normales) o excepcionales.

Así que tenemos que ser cuidadosos de “lo que me digo” ante “mis” situaciones cotidianas y en las extraordinarias, y preguntarnos:

  • ¿cómo me quiero sentir ante esta situación?,
  • ¿me ocupo o me preocupo?

Hay que ser conscientes de qué tipo de información metemos en la mente, de manera que salga justo el resultado que queremos y necesitamos.

Sólo cambiando la información que metemos en la mente, aliviaremos considerablemente el estrés.

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